jueves, 25 de agosto de 2016

Un reloj antihorario

[Reloj mecánico antihorario de la cara oeste de la antigua puerta este (Isartor) de Múnich (permítanme el juego de palabras). Procedencia de la imagen e información aquí]

Estamos en Múnich, la animada capital de Baviera. Nos dirigimos hacia el río Isar desde Marienplatz, el corazón histórico de la ciudad, por Talstrasse. Es hora de cenar y nos sentamos en una pizzería. Saboreamos unas estupendas cervezas alemanas de nombres impronunciables para nosotros (las elegimos digitalmente, es decir, señalándolas con el dedo en la carta) mientras esperamos las ansiadas pizzas. De pronto, casi con un sobresalto, advierto que el reloj de la torre medieval que tengo frente a mí no marca la hora correcta. No doy crédito a lo que estoy viendo. No puede ser. ¡Un reloj en Alemania que no funciona! Estoy acostumbrado a ello en mi tierra, pero aquí no puede ser. Llevo días comprobando que no hay reloj de iglesia, torre o edificio público que no vaya a la perfección. Aquí está la excepción. Pues no. Una mirada más detenida me permite darme cuenta que el susodicho reloj de la torre funciona impecablemente, aunque lo hace en sentido antihorario, es decir, hacia la izquierda (levógiro). Cuando decimos que gira hacia la izquierda queremos decir que las manecillas hacen un recorrido de derecha a izquierda en la mitad superior de la esfera (el círculo) del reloj mecánico. Lo normal es que las manecillas tengan un sentido de giro hacia la derecha (dextrógiro), como hace el recorrido de la sombra proyectada por el gnomon de un reloj de sol horizontal (en el vertical, de pared, ocurre al contrario) en el hemisferio norte.

Es decir, el paradójico reloj de la torre principal de la puerta del Isar (Isartor) tiene un sentido de giro "en contra de las agujas del reloj", antihorario. Para comprender el sentido de esta simpática anécdota relativa a la medida del tiempo hay que saber que la Isartor alberga el museo dedicado al actor cómico muniqués de principios del pasado siglo Karl Valentin. Sin duda, el reloj antihorario de la cara que da hacia el centro de la ciudad (opuesto al río)  de la antigua puerta del Isar es un guiño humorístico en homenaje a aquel célebre cómico, llamado a veces el "Chaplin de Alemania". Por cierto, no es el único reloj mecánico antihorario del mundo. El presidente de Bolivia, Evo Morales, decidió hacer girar también al revés (sentido levógiro) el reloj de la cúpula de la Asamblea Legislativa en La Paz, con la finalidad de reivindicar la presencia y relevancia de Bolivia, en el hemisferio sur, frente a las potencias del norte (¿conoce el lector otro reloj mecánico que gire hacia la izquierda en algún edificio histórico del mundo?).



PARA SABER MÁS (pínchese en el enlace):



jueves, 28 de julio de 2016

Gloria de un científico español: los anillos de Ulloa

[Lámina XIV de la Relación histórica del viaje a la América meridional (1748), en la que se muestran fenómenos extraordinarios observados por Jorge Juan y Antonio de Ulloa en las cimas de los Andes. En la parte superior, la gloria o anillos irisados vista en la montaña Pambamarca en el transcurso de la expedición geodésica hispano-francesa al ecuador. Podemos leer en dicha lámina: "El fenómeno de los tres iris observado por la primera vez en Pambamarca, y después repetido en otras varias montañas" (Fig. 2). En la misma lámina de la Relación histórica aparece la erupción del colosal volcán andino Cotopaxi: "Cerro de Cotopaxi nevado como pareció en la reventazón que hizo el año de 1743" (Fig. 1). El Cotopaxi es un estratovolcán activo muy peligroso situado a unos 45 km al sureste de Quito. Debido a su gran altitud, de casi 5.900 metros sobre el nivel del mar, tiene una cobertura glaciar y sus erupciones pueden provocar enormes lahares o flujos de lodo y escombros (consecuencia de la fusión del glaciar), arrasando a su paso poblaciones y cultivos de los valles próximos, tal como ocurrió en 1743 y 1744, y de lo que da testimonio Antonio de Ulloa en su Relación histórica (1748), cuando el Cotopaxi erupcionó violentamente, fundiéndose sus nieves perpetuas y ocasionando terribles avalanchas con gran devastación en la zona de Latacunga. Asimismo observamos en la parte baja de la lámina un tercer fenómeno de interés; se trata de la proyección sobre la falda de una montaña de tres arcos blancos formados por la luz lunar: "Fenómeno del aro de la Luna observado que se proyecta en las faldas de los cerros" (Fig. 3).
Fuente de la imagen: www.memoriachilena.cl]




Ciertamente no me extraña que en la galería de los doce sevillanos ilustres del bello Palacio de San Telmo (un espléndido conjunto de una docena de esculturas de Antonio Susillo, realizado en 1895 por encargo del duque de Montpensier) no se encuentre una estatua del eximio científico y marino sevillano Antonio de Ulloa (1716 - 1795), descubridor del platino e impulsor del desarrollo científico y técnico en la España del siglo XVIII (cuando nuestro país, de la mano de políticos reformistas como el ilustrado marqués de la Ensenada, hace un esfuerzo por modernizarse). Sí me preocupa más que a estas alturas de siglo aquel eminente hombre de ciencia sea poco conocido en su país e incluso en su ciudad natal (en la cual, que uno sepa, tan sólo se le ha dedicado el nombre de una calle, Almirante Ulloa, donde nació, y una placa que lo recuerda). ¿No se merece algo más Antonio de Ulloa en Sevilla? Más que nada para que todos sepamos que en nuestra bonita ciudad, de pintores y poetas, también ha habido científicos como Ulloa que han realizado una labor notable en su tiempo, favoreciendo el progreso, y que, además, lograron reconocimiento internacional. Este año se cumplen trescientos años del nacimiento de Antonio de Ulloa y mi ciudad como si nada. Al menos el pasado año se organizó una interesante exposición en el Archivo General de Indias dedicada a la biblioteca del insigne marino y científico sevillano. Pero debe llevarse a la práctica un proyecto más ambicioso que sea capaz de enraizar en la ciudadanía.



[Placa conmemorativa dedicada a Antonio de Ulloa, descubridor del platino, en la fachada de su casa natal, actual calle Almirante Ulloa (en el centro de Sevilla).
Procedencia de la imagen: http://www.galeon.com/juliodominguez/2008/ulloa.html]


[Placa conmemorativa dedicada a los marinos y científicos Jorge Juan (1713 -1773) y Antonio de Ulloa (1716 - 1795), elegidos muy acertadamente para representar a la corona española en la célebre expedición geodésica hispano-francesa al Virreinato del Perú, donde realizaron medidas precisas y estudiaron la naturaleza de la región. La placa se encuentra en la calle Pelota de Cádiz.
Procedencia de la imagen: https://placasdecadiz.com/2010/02/26/jorge-juan-y-antonio-de-ulloa/]


Por si no fuera bastante el haber anunciado al viejo continente la existencia de un metal desconocido para los europeos, la platina o platino, y el haber contribuido a la determinación de la forma exacta de la Tierra (achatada por los polos), amén del estudio de la rica naturaleza americana, Antonio de Ulloa fue una figura clave en el difícil desarrollo científico y técnico de España. Digamos como ejemplo de ello que en 1752 presentó al gobierno un proyecto de Gabinete de Historia Natural, germen del posterior Real Gabinete creado por Carlos III;  y, asimismo, fundó y dirigió el primer laboratorio metalúrgico de nuestra nación (en Madrid) y desarrolló labores técnicas en la minería del azogue o mercurio (en Almadén y Huancavelica, las más importantes minas de cinabrio en Europa y América, respectivamente, de gran importancia para la extracción de la plata). Desde joven su prestigio internacional fue considerable. Así, por ejemplo, a los treinta años era ya miembro de la  Royal Society y a lo largo de su vida irá formando parte de algunas de las principales Academias científicas de Europa. Notable es la relación de sus obras y escritos, algunos muy conocidos (como la Relación Histórica... y las Observaciones Astronómicas...; de 1748, escritos con Jorge Juan). El listado completo de obras de Ulloa puede hallarse en Entre España e Hispanoamérica: Antonio de Ulloa, un hombre de su tiempo. Sus escritos y publicaciones, de ANTONIO GUTIÉRREZ ESCUDERO (Escuela de Estudios Hispano Americanos, CSIC; II Centenario de Don Antonio de Ulloa, Sevilla, 1995, págs. 257 - 270).

Sin embargo, queremos fijar hoy nuestra atención en un hallazgo poco divulgado de Antonio de Ulloa, realizado durante la expedición a tierras ecuatoriales americanas y publicado en las Relaciones Históricas... (1748): las glorias observadas en el páramo de Pambamarca...


(CONTINUARÁ)

miércoles, 15 de junio de 2016

Terror en el laboratorio (200 años de Frankenstein)



Terror en el laboratorio: de Frankenstein al doctor Moreau es el título de la exposición en la Fundación Telefónica que no quiero dejar de recomendar, de temática sumamente atractiva. Y es que hace 200 años nacía en la mente de la escritora inglesa Mary Shelley el paradigma de engendro de la ciencia: Frankenstein. De una ilustre y peculiar reunión en Suiza, en el verano del "año que no tuvo verano" (consecuencia de la enorme emisión de cenizas de la erupción volcánica el año anterior del lejano Tambora), surgió el ficticio engendro.

[Volcán Tambora. Procedencia de la imagen aquí]

José Miguel Viñas nos explica perfectamente en su web,http://www.divulgameteo.es/, las características de una nube volcánica:

"Las nubes de origen volcánico presentan algunas particularidades que las distinguen claramente de las convencionales. Los materiales incandescentes que lanza con furia el volcán hacia arriba generan de inmediato un gigantesco pirocúmulo que gana altura con rapidez. En su interior conviven gases tóxicos procedentes de las emanaciones del volcán, con vapor de agua y abundantes piroclastos, que serían los fragmentos de roca volcánica de diferentes calibres -desde las cenizas más pequeñas, con diámetros siempre inferiores a los 2 mm, hasta piedras de considerable tamaño- que tiñen la nube de un color negro característico. La fricción a la que se ven sometidos los distintos materiales ardientes genera una separación de cargas eléctricas, lo que suele dar como resultado la aparición de rayos dentro de la nube de cenizas."

En Byron, el geólogo y escritor Jorge Ordaz (autor del blog "Obiter dicta" que, entre otras, contiene la fascinante y original sección "Geoletras" sobre las relaciones entre la geología y la literatura) nos describe así la mayor erupción volcánica que registra la historia (la gigantesca del Toba pertenece a la prehistoria, cuando Homo sapiens daba sus primeros pasos por el planeta), la del Monte Tambora en 1815:

"Una colosal columna de cenizas se elevó hasta una altura de más de 40 km. Más de 10.000 personas murieron a consecuencia del flujo piroclástico. Le siguieron hambrunas que acabaron con la vida de más de 100.000 habitantes de las Indias Orientales. El dióxido de azufre emitido durante la erupción y acumulado en forma de aerosol ácido en las altas capas de la atmósfera tuvo efectos climáticos a corto plazo, reduciendo durante más de un año el calor solar en la superficie del planeta."

Y así, el verano siguiente el tiempo fue frío y desapacible en la distante Europa, como consecuencia de la gran nube de cenizas expulsada por el volcán de la isla indonesia de Sumbawa. Un gélido verano no conocido, de manera que, sin exagerar, aquel 1816 fue llamado "el año en el que no hubo verano". Y lo cierto es que los europeos no podían sospechar la causa. Curiosamente, nos cuenta  Jorge Ordaz, aquel oscuro verano de 1816 propició la aparición de dos de los relatos de terror más célebres de la literatura inglesa: Frankenstein, de Mary Shelley, y El vampiro, de John William Polidori, médico particular de lord Byron.

Mas no sólo fueron esas las consecuencias literarias de aquel  frío y tenebroso 1816. Lord Byron, inspirado por aquello, escribió el poema Darkness ("Oscuridad"). Los primeros versos nos describen poéticamente a la perfección lo que percibía y sentía el escritor romántico:

I had a dream, which was not all a dream.
The bright sun was extinguish´d, and the stars
did wander darkling in the eternal space,
rayless, and pathless, and the icy earth
swung blind and blackening in the moonless air;
[...]






domingo, 8 de mayo de 2016

¿Nos vamos de conferencias? (expediciones científicas a América)

[Pintura de F. G. Weitsch (1810) en la que vemos a Humboldt y a su compañero de expedición, el médico y botánico francés Bonpland, en su viaje por los Andes. Al fondo se alza, impresionante, el gran volcán Chimborazo, en Ecuador. En la pintura de Weitsch vemos al naturalista alemán Alexander von Humboldt junto a un indio, que le está dando un sextante. Junto al árbol se representa a Bonpland preparando su herbario. En 1802 se trasladaron de Popayán (en la actual Colombia) a Quito (Ecuador). Humboldt permaneció ocho meses en Ecuador, ascendiendo a dos colosales volcanes andinos (amén de otros): el Pichincha  y el Chimborazo. En junio de 1802 Alexander von Humboldt acomete la escalada a la cima del gran volcán Chimborazo (de una altitud próxima a los 6.300 metros sobre el nivel del mar, el punto de la superficie más alejado del centro de la Tierra, debido a su situación en el ecuador de nuestro planeta). A comienzos del siglo XIX el Chimborazo estaba considerado como la montaña más alta de la Tierra. El viajero y científico alemán no pudo culminar su intento, pues se quedó a unos 400 metros de la cumbre del volcán al ver cortado su paso por una gran grieta imposible de salvar.]



Luis Carandell dice con acierto en el prólogo al libro Viajeros científicos (de Juan Pimentel, en Editorial Nivola, sobre las tres grandes expediciones científicas al Nuevo Mundo protagonizadas respectivamente por Jorge Juan y Antonio de Ulloa, José Celestino Mutis y Alejandro Malaspina) que la historia de la ciencia es paralela a la de los viajes, pues la curiosidad que lleva al hombre a investigar y la que le lleva a viajar son del mismo orden. "Responden ambas al imperioso deseo de conocer y comprender el mundo", puntualiza el inolvidable periodista y escritor, cronista de viajes. España jugó en estas empresas geográficas y científicas un papel relevante gracias al descubrimiento de un Nuevo Mundo, repleto de maravillas naturales y riquezas minerales, con una fauna y flora desconocidas para los europeos.

Animo al lector a que disfrute alguna conferencia, sin salir de casa, sobre las grandes expediciones científicas al continente americano. Aquí dejo dos, de Miguel Ángel Puig-Samper, sobre el tema. En la primera, titulada La exploración científica de América, se hace un repaso de las aportaciones de las diferentes expediciones y viajes a territorios americanos para el conocimiento de su naturaleza (y, claro está, para obtener de él una utilidad, como es el caso de la febrífuga quina americana). Aunque, al abarcarse desde el descubrimiento del Nuevo Mundo hasta nuestros días, resulta imposible entrar en detalles, me sabe a poco lo dedicado a la expedición geodésica hispano-francesa al Ecuador (1735 - 1744) en la que tan magnífica labor desarrollaron los entonces jóvenes marinos Jorge Juan y Antonio de Ulloa. Asimismo echo en falta una mención en el siglo XVII a Bernabé Cobo. 

La segunda conferencia, Alexander von Humboldt, el explorador del Cosmos, se centra ampliamente en el gran viajero y naturalista alemán. De Humboldt (1769 - 1859) dijo el filósofo alemán F. Adolf Trendelenburg en 1861:


"Fue un vínculo vivo que unió a los científicos de ambos hemisferios y trabajó como el que más en pro del intercambio de ideas y de la colaboración científica y académica. Tras unos viajes que supusieron el redescubrimiento de América y un conocimiento mucho más profundo de Siberia, comenzó, ya entre nosotros y en el ocaso de su ajetreada existencia, su última tarea con la cual culminó su concepción de la Naturaleza como un todo movido y animado por fuerzas internas. Todos los pueblos consideraron que Kosmos era  el regalo de una inteligencia poderosa, y si alguien pudo reinar sobre los vastos dominios del saber, acrecentados a lo largo de los siglos y estructurarlos a la manera de un artista hasta lograr una descripción amena y elegante, ese fue él".

(Fragmento recogido en Humboldt, de Adolf Meyer-Abich, Biblioteca Salvat de Grandes Biografías; Barcelona, 1985)











sábado, 9 de abril de 2016

A propósito de Altamira

La recientemente estrenada película Altamira tiene no pocas grietas y goteras. A pesar de ello se agradece el esfuerzo divulgativo y el filme se deja ver.



La historia del descubrimiento de la cueva y las controversias surgidas, entendidas en su contexto histórico,  constituyen buen ejemplo de la dificultad para defender ideas novedosas que chocan con el paradigma establecido o con el dogmatismo.

Aquí un par de buenos documentales de la televisión pública española:


       


domingo, 27 de marzo de 2016

Las observaciones astronómicas y físicas de Jorge Juan y Antonio de Ulloa

[Procedencia de la imagen aquí]


"El principal fin del viaje, fue el averiguar el verdadero valor de un grado terrestre sobre el ecuador, para que cotejado este con el que resultase tener el grado, que habían de medir los astrónomos, enviados para esto al norte, se infiriese sin duda, de uno, y otro, la figura de la Tierra, y además de su utilidad, se decidiese de una vez, con tan ilustres experiencias, esta ruidosa cuestión, que ha agitado a todos los matemáticos, y aun a las naciones enteras por casi un siglo".


[Del Prólogo de las Observaciones astronómicas y físicas hechas de orden de S. Mag. en los Reinos del Perú, de las cuales se deduce la figura y magnitud de la Tierra y se aplica a la navegación; impreso en Madrid en 1748. Obra de JORGE JUAN y ANTONIO DE ULLOA]


Esta obra capital de los eximios marinos y científicos españoles Jorge Juan (1713 - 1773) y Antonio de Ulloa (1716 - 1795) es una de las que podemos disfrutar en los fondos digitalizados de la Biblioteca Nacional de España (aquí). 

Jorge Juan y Antonio de Ulloa (el sevillano que descubrió el platino en tierras americanas) fueron figuras de gran relieve en la España del siglo XVIII, representantes de la ciencia ilustrada que alcanzaron prestigio y reconocimiento internacional. Ambos marinos, muy jóvenes, fueron los españoles elegidos para representar a nuestra nación en la importante expedición geodésica hispano-francesa al ecuador (1735) para la determinación precisa de la forma de la Tierra. Junto con las medidas tomadas por la expedición que se desplazó a Laponia se demostró que nuestro planeta no estaba achatado por el ecuador sino por los polos, como se deducía de la teoría de Newton.


Mientras que en la Relación histórica del viaje a la América meridional (1748) Juan y Ulloa realizaron una descripción de la geografía, la historia y la naturaleza de las regiones americanas que recorrieron, en las Observaciones astronómicas y físicas (1748) los marinos y científicos españoles nos muestran sus resultados matemáticos y astronómicos para la determinación precisa de la figura de la Tierra, concretamente midieron el arco correspondiente a tres grados de meridiano en el ecuador. Nos cuenta Juan Pimentel en Viajeros científicos que es este un texto voluminoso y mucho más detallado que el que escribieron La Condamine y Bouguer a su regreso, pues los jóvenes marinos españoles de la expedición hispano-francesa buscaban el reconocimiento y prestigio que, ciertamente, merecían. 

El lector curioso puede navegar por la selección de obras de Jorge Juan y Antonio de Ulloa digitalizadas por la BNE, rindiendo homenaje a tan magníficos personajes de nuestra historia, muchas veces oscura pero no por ello exenta de figuras de relieve internacional. Del sevillano Antonio de Ulloa se cumple este año el tercer centenario de su nacimiento. ¿Cuántos de los muchos transeúntes por la céntrica calle Almirante Ulloa de Sevilla, en estos días de procesiones, habrán levantado su cabeza para leer la placa que recuerda la casa en la que nació en 1716 el descubridor del platino?











domingo, 7 de febrero de 2016

Pioneros de la Aeronáutica en España

[Emilio Herrera, diseñador de la escafandra estratonáutica. Procedencia de la imagen aquí]


En el excelente programa de RNE, Documentos, hemos disfrutado este sábado de la historia de la Aeronáutica española, en concreto de sus inicios, desde que se estableció el Servicio de Aerostación Militar en Guadalajara (1896) hasta la Segunda República, período de importante actividad. Puede escucharse y descargarse el audio aquí.

[Autogiro de Juan de la Cierva; híbrido entre el aeroplano y el helicóptero.
Procedencia de la imagen aquí]


En la Revista Digital de Ciencias del Club Científico Bezmiliana dediqué unas líneas a la notable e injustamente poco conocida figura del ingeniero, militar y científico granadino Emilio Herrera, inventor de la escafandra estratonáutica. Allí decía de él:

"En el siglo XX nos sorprende la interesante figura del granadino Emilio Herrera Linares (1879-1967), ingeniero, militar y científico; pionero de la aeronáutica en España y diseñador del que es considerado el primer traje espacial de la historia. En 1911 se convierte en uno de los integrantes de la primera promoción de pilotos en el aeródromo de Cuatro Vientos. Emilio Herrera, estimulado desde joven por su inquieto padre, tuvo siempre gran curiosidad por los avances técnicos y también por sus fundamentos científicos. Pertenece a la llamada “Generación de 1914” (junto con intelectuales de la talla de Marañón, Madariaga, Ortega y Gasset, y otros). En la década de los años veinte del pasado siglo elaboró incluso un modelo cosmológico acorde con las novísimas teorías de Einstein, en el cual continuó trabajando hasta el final de sus días. Además puso mucho empeño en la divulgación de los conocimientos científicos: divulgador de la teoría de la relatividad, promotor, entre otros, de la visita que Einstein realizó a España en 1923 y escritor de numerosos artículos para acercar la ciencia a los ciudadanos. Colaboró con Juan de La Cierva en los experimentos realizados con su autogiro y elaboró el proyecto de instalación del primer túnel aerodinámico que existió en España. En 1932 ingresó en la Academia de Ciencias, leyendo un año más tarde su discurso titulado “Ciencia y Aeronáutica”. Pero probablemente lo que más nos llame la atención es que diseñó, como ya se ha dicho, el primer traje espacial de la historia. El objetivo de su proyecto era posibilitar la ascensión hasta zonas elevadas de la atmósfera (la estratosfera), con aire muy enrarecido y bajísimas temperaturas. Para ello inventó una “escafandra estratonáutica”. La Guerra Civil truncó estas investigaciones. Tras el terrible enfrentamiento fratricida, en el que pierde a uno de sus hijos que como él era aviador, se exilió en Francia (donde mantuvo su prestigio científico y fue premiado por la Academia de Ciencias francesa), ya que, aunque era monárquico y de ideas conservadoras, en todo momento fue fiel al gobierno republicano (en sus últimos años llego a ser incluso Presidente del Gobierno de la República en el exilio)".

 [El andalusí Ibn Firnas, "el científico alado". Procedencia de la imagen aquí]


Remontándonos mucho más atrás en el tiempo hallamos en al-Ándalus un personaje ciertamente singular, Abbas Ibn Firnas, astrónomo, alquimista y poeta, que podemos considerar precursor de la aeronáutica. 

Abbás Ibn Firnas (Ronda, 810 - Córdoba, 887), "el científico alado", bien merece nuestro recuerdo.

Ibn Firnas era un auténtico humanista, de origen bereber, con un toque indiscutiblemente extravagante; filósofo, astrólogo, alquimista y poeta. Vivió en la época de la dinastía de los Omeyas y enseñó poesía en la corte de Abderramán II.
Ibn Firnas era realmente ingenioso e hizo contribuciones relevantes a la ciencia de su época. Fue el primero en utilizar en España las tablas astronómicas indias del Sindhind (de gran importancia posterior), también fue pionero en el desarrollo de la técnica de tallado del cristal de roca (que hasta entonces sólo sabían realizar los egipcios), construyó un reloj anafórico (una compleja máquina que utilizaba agua como líquido motor y que permitía la medida nocturna del tiempo) y a él le debemos la primera esfera armilar europea. Por si todo ello fuera poco, construyó un planetario en su propia casa; en él se representaba la bóveda celeste e incluía efectos sonoros y visuales.
Pero Ibn Firnas es internacionalmente conocido (sobre todo en los países islámicos) por haber intentado volar con unas alas que él mismo había diseñado (unos seis siglos antes de que Leonardo diseñara sus máquinas voladoras). Se ha narrado que en el año 852 un tal Armen Firman intentó volar lanzándose desde una torre cordobesa con una enorme lona a modo de paracaídas (podemos considerarle su inventor). Tan sólo salió levemente herido. Dicho acontecimiento, según Lienhard, fue presenciado por el inquieto Ibn Firnas, quien en 875 intentó el vuelo imitando a los pájaros (aunque parece ser que Firnas y Firman son realmente la misma persona). Se cubrió el cuerpo con un traje de seda cubierto de plumas y construyó un par de alas con una estructura de madera y con tela de seda recubierta también de plumas de rapaces. Lanzóse el excéntrico científico e inventor desde lo alto de la torre de la Arruzafa (al-Rusafa), en un ajardinado palacio a pocos kilómetros de Córdoba. El vuelo fue un éxito relativo: a pesar del fallido aterrizaje (parece ser que se fracturó las piernas) logró planear sobre el valle durante unos diez minutos (esto probablemente le debió compensar el doloroso batacazo final y las burlas de algunos). El aterrizaje tuvo lugar "lastimándose el trasero, ya que no se había dado cuenta de que los pájaros, al posarse, se valen de su cola y él no se había fabricado cola" (citado por Juan Vernet en "Historia de la ciencia española"; Instituto de España, Cátedra "Alfonso X el Sabio", Madrid, 1975; p. 57).
Este magno acontecimiento quedó recogido en los textos árabes, siendo Ibn Firnas reconocido como "el primer hombre en la historia que realizó intentos científricos de volar" (Philip Hitti, "Historia de los árabes"). Que nuestro audaz personaje es admirado en la cultura árabe lo demuestran los hechos de que en Libia se haya emitido un sello con su efigie y que un aeropuerto de Bagdad lleve el nombre del ilustre científico andalusí (además de un monumento dedicado al alad0 Ibn Firnas en la carretera del aeropuerto internacional de Bagdad). Asimismo un cráter lunar lleva su nombre. En la web de la Universidad de Houston encontramos un artículo de John H. Lienhard dedicado a Ibn Firnas, que comienza así: "En el verano de 2003 las tropas americanas se encontraban en combate en el aeropuerto de Ibn Firnas al sur de Bagdad. Me supongo que serían pocas las personas occidentales que hicieron caso a ese nombre. Entonces conozcamos a Ibn Firnas".

La historia de estos precursores y pioneros es apasionante, ¿no creen? Con ellos nuestra imaginación vuela.


PARA SABER MÁS:

- El autogiro de Juan de la Cierva (en Tecnología Obsoleta), por Alejandro Polanco.

- La escafandra estratonáutica (en Tecnología Obsoleta), por Alejandro Polanco. 

- Científicos andaluces. Una aproximación histórica (en Revista Digital de Ciencias Bezmiliana), por Bernardo Rivero Taravillo.

jueves, 28 de enero de 2016

Pasos hacia una alimentación saludable

¿Qué es una alimentación saludable?

Una alimentación saludable debe basarse en vegetales y frutas (un 50 % de la dieta diaria entre ambos); proteínas de legumbres, pescado, huevos, aves y carnes magras (algo menos de un 25 % de la dieta); y cereales, preferiblemente integrales, (algo más del 25 % de la dieta). A esto debemos añadir lácteos (podemos elegirlos bajos en grasa o desnatados) y, por supuesto, agua. Las grasas deben ser saludables, como las provenientes del aceite de oliva, las nueces o el pescado. Imprescindible asimismo realizar ejercicio físico diario, para nuestra salud física y mental.

[Procedencia de la imagen aquí]


En cuanto a los macronutrientes se suele recomendar un 50 % de carbohidratos (preferiblemente provenientes de hortalizas, frutas y legumbres; trataremos de limitar los carbohidratos procedentes de patatas fritas, pastelería y azúcar); un 25 % - 35 % de grasas (han de ser saludables, limitándose las grasas saturadas de origen animal o de ciertos aceites vegetales y evitándose las grasas trans) y un 15 % - 25 % de proteínas (como las provenientes de las legumbres o los pescados). No pueden faltar tampoco los micronutrientes, vitaminas y minerales, garantizados en una dieta variada, rica en vegetales y frutas.   



[PIRÁMIDE NAOS. Procedencia de la imagen: aquí]


["Recomendaciones de Harvard". Procedencia de la imagen aquí]

Podemos decir que una dieta es saludable si es:

SATISFACTORIA: agradable y placentera a nuestros sentidos (aspecto, sabor, olor, textura).

SUFICIENTE: debe cubrir las necesidades energéticas del organismo, teniéndose en cuenta nuestras necesidades particulares (edad o actividad física, por ejemplo).

COMPLETA: que contenga todos los nutrientes necesarios y en las cantidades adecuadas.

EQUILIBRADA: potenciándose el consumo de alimentos frescos variados y vegetales.

ARMÓNICA: con un porcentaje adecuado de cada macronutriente (arriba se ha indicado lo que se suele recomendar).

SEGURA: sin un nivel de contaminantes químicos o biológicos superior a los límites de seguridad establecidos por las autoridades.

ADAPTADA: debe tener en cuenta las características individuales (fisiología, posibles enfermedades). Asimismo deben considerarse los aspectos sociales y culturales de la alimentación. 

La Asociación Española de Dietistas-Nutricionistas señala estas características y también considera que nuestra alimentación ha de ser sostenible y asequible.


PARA SABER MÁS:

http://elcentinel.blogspot.com.es/
(blog de Luis Jiménez sobre ciencia, nutrición y otros temas)

http://loquedicelacienciaparadelgazar.blogspot.com.es/
(blog de Luis Jiménez sobre dietas y nutrición)

http://juanrevenga.com/
(blog de Juan Revenga, "El nutricionista de la General")

http://www.consumer.es/web/es/alimentacion/aprender_a_comer_bien/2013/04/26/216544.php
(características de una alimentación saludable según la AEDN)

https://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/patientinstructions/000104.htm
(las grasas en la alimentación; recomendaciones del NIH de Estados Unidos)

(pirámide interactiva de la alimentación saludable; Fundación Española del Corazón).


jueves, 21 de enero de 2016

Punto de fusión del naftaleno

[El médico, químico y geólogo inglés John Kidd (1775 - 1851) fue el descubridor del naftaleno o naftalina. Fue él quien le dio el nombre a este compuesto orgánico y describió sus propiedades en 1821. Cinco años después el gran Michael Faraday, padre del electromagnetismo, determinó su fórmula química (C10H8). Pero no lo sabemos todo de un compuesto orgánico hasta que no queda perfectamente definida su estructura. Fue Emil Erlenmeyer (¿les suena el nombre?) quien propuso en 1866 una estructura consistente en dos anillos de benceno fusionados; lo cual fue confirmado tres años después por Carl Gräbe. El naftaleno es el hidrocarburo aromático policíclico más sencillo.
Procedencia de la imagen aquí]


El naftaleno o naftalina es un sólido blanco (también es conocido como alquitrán blanco) de fórmula C10H8 y estructura de doble anillo de benceno. Se obtiene de forma natural al quemar combustibles (por ejemplo, al quemar madera o tabaco). Es un compuesto volátil de fuerte y fácilmente reconocible olor. Nos es bastante familiar por haber sido usado como antipolillas (repelente) en nuestros roperos y hogares. Pero hay que tomar precauciones porque este hidrocarburo aromático puede intoxicarnos y dañar a los glóbulos rojos, los transportadores de oxígeno en nuestra sangre (pínchese aquí para saber más).

El naftaleno es el componente principal del alquitrán de hulla. Actualmente se usa en la fabricación de plásticos y en síntesis de compuestos orgánicos (ftálicos y otros) con distintas aplicaciones. Aquí les presento su estructura, dos anillos aromáticos de benceno fusionados:


[Procedencia de las imágenes: Wikipedia]


Su punto de fusión es de 80 ºC y resulta fácil e interesante (con fines didácticos) su determinación experimental en el laboratorio (pínchese aquí). Anotando en una tabla las temperaturas del naftaleno a diferentes tiempos podemos construir las gráficas de calentamiento y de enfriamiento de esta sustancia sólida a temperatura ambiente. Observaremos cómo la temperatura de fusión y la de solidificación coinciden y cómo mientras una sustancia pura está cambiando de estado no varía su temperatura (en este caso, el punto de fusión característico del naftaleno, 80 ºC). Mientras una sustancia está cambiando de estado toda la energía que aportamos se emplea en producir dicha transformación física, venciéndose las fuerzas de atracción intermoleculares, separándose las moléculas, y no vuelve a ascender la temperatura hasta que se ha completado el cambio de estado (en nuestro caso cuando todo el naftaleno se ha fundido y convertido en líquido).

[Fusión del naftaleno calentando al baño de María. Imagen procedente de Wikimedia]

Dejo este interesante y bien realizado vídeo del Laboratorio de Química de la E.U.I.T. Aeronáuticos (Universidad Politécnica de Madrid). Que sea de provecho:



domingo, 17 de enero de 2016

La geología en la Ilustración escocesa

[JAMES HUTTON (1726 - 1797), considerado "padre de la geología moderna", en una pintura de 1776. Procedencia de la imagen aquí]




(Sobre HUTTON y otros célebres científicos escoceses: pínchese aquí)

Resulta muy grato ver cómo el estudio tenaz de un tema se plasma en un interesante artículo. Aquí, recién salido del horno, el de Fernando J. Rivero Taravillo, profesor de Biología y Geología en Lisboa:

Historia de la geología: el uniformismo escocés desde una perspectiva de la filosofía de la ciencia


Dejo también, como condimento, una bella canción escocesa, con sabor a otro tiempo (The Corries):



domingo, 3 de enero de 2016

Julio Verne, novelista de la ciencia



El porvenir no me inquieta, lo que es duro a veces es el presente.
(JULIO VERNE)


Casi podríamos decir que el futuro comienza con Julio Verne (1828 - 1905), pues el celebérrimo escritor francés se sumergió en las profundidades del conocimiento científico y tecnológico de su época (documentándose hasta el mínimo detalle), el siglo XIX que verá nacer el positivismo y el socialismo utópico (opuesto al nuevo capitalismo surgido de la revolución industrial), para obtener selectos ladrillos con los que construir sus novelas, tan ricas en descripciones científicas y técnicas, donde la imaginación del autor, siempre basada en la fructífera ciencia decimonónica pero con una proyección sorprendente, crea aventuras e ingenios capaces de inspirar a no pocos de sus ávidos lectores, algunos de ellos estimulados al viaje, al descubrimiento o a la invención. Tal es el caso, por ejemplo, de Charles William Beebe (1877 - 1962), naturalista y explorador norteamericano que quedó fascinado en su juventud por los extraordinarios viajes relatados por Verne y fue capaz de sumergirse a gran profundidad en el océano  junto a Otis Barton con su batisfera (a comienzos de los años 30 del pasado siglo), observando a través de las gruesas ventanas de cuarzo de su esfera de acero la fauna de zonas profundas. O el caso del ruso Yuri Gagarin (1934 - 1968), quien fue el primer hombre que viajó al espacio exterior, a bordo de la nave soviética Vostok 1, en  la primavera de1961. Gagarin rindió homenaje a Julio Verne al afirmar que fue el novelista francés quien le orientó hacia la astronáutica. Otro caso significativo es el de Edwin Hubble (1889 - 1953), quien, maravillado por la obra de Verne, abandonó los estudios de Derecho para dedicarse al estudio de la física y la astronomía, llegando a ser en este campo figura clave en el pasado siglo XX.

[Beebe (izquierda) y Barton, junto a la batisfera (precursora del batiscafo). La batisfera o esfera de las profundidades tenía un diámetro de algo menos de metro y medio, debiendo soportar su acero elevadas presiones exteriores. La esfera se suspendía en sus inmersiones mediante un cable que, a su vez, proporcionaba electricidad y aire, y permitía la comunicación con el barco. En 1934 Beebe y Barton alcanzaron más de 900 metros de profundidad con la batisfera. Procedencia de la imagen: aquí]


[Procedencia de la imagen aquí]

La multitud de anticipaciones que describe Verne (satélites artificiales, armas de destrucción masiva, grandes transatlánticos, el ascensor, el helicóptero, el submarino, los viajes al espacio, los faxes, etc.) no es solo producto de la vigorosa imaginación del escritor, sino que Julio Verne se empapa del ambiente de la época, una cultura burguesa que, partiendo de las ideas positivistas de Comte y las socio-políticas de Saint Simon, proyecta sus anhelos hacia un progreso material que haga posible el bienestar de la sociedad. Verne es testigo activo de todo ello y es aquí donde encuentra un manantial poderoso para su inspiración literaria. El siglo XIX alumbra importantes inventos y descubrimientos: los barcos de vapor, el ferrocarril y el telégrafo resultan ser decisivos para el progreso. La investigación científica no deja de dar frutos: Wöhler sintetiza la urea en 1828 (precisamente el año de nacimiento de Julio Verne), dando el pistoletazo de salida a una larga carrera de descubrimientos en la química orgánica; Faraday experimenta con el electromagnetismo y hace hallazgos con importantísimas aplicaciones; se desarrolla la termodinámica con científicos como Joule, Clausius o Kelvin; Darwin revoluciona la visión que el hombre tiene de los seres vivos y de sí mismo con la teoría de la evolución mediante la selección natural; la medicina progresa enormemente gracias a los trascendentales avances en microbiología; etc. Y no olvidemos a los grandes exploradores y geógrafos, como Alexander von Humboldt. ¿No es todo ello una magnífica y casi inagotable fuente de inspiración para una mente curiosa como la de Verne?

Desde mediados del siglo XIX los grandes avances de la ciencia y de la técnica permiten hacer soñar a muchos con un futuro de progreso y de felicidad para la humanidad. De este optimismo cientificista sin duda bebe Verne, como vemos en la primera etapa del autor: Cinco semanas en globo, Viaje al centro de la Tierra, De la Tierra a la Luna, etc. Y La isla misteriosa (1874), una novela que obliga al novelista francés a estudiar química, tras la cual comienza una etapa pesimista. La ciencia no puede solucionarlo todo y puede hacerse un mal uso de su conocimiento y aplicaciones. En Los quinientos millones de la begún (1879) una magnífica herencia va a parar a dos científicos que hacen un uso opuesto de la misma, mostrando Verne cómo la ciencia y la técnica pueden servir para mejorar la vida de las personas o provocar, en manos equivocadas y despreciables, la destrucción maligna. Uno de los científicos (el francés) utiliza la fortuna para crear una ciudad ideal, de prosperidad y bienestar social; el otro (alemán) pone en marcha una ciudad-fábrica, dedicada a la fabricación de armamento para sustentar las guerras en el mundo. Y, cómo no, el principal objetivo es destruir la ciudad ideal del progreso y la armonía. Pero incluso mucho antes, en 1863, Verne había escrito una obra, París en el siglo XX, con el sello anticipatorio del novelista de Nantes, pero en la que tiene una  visión negativa de la sociedad de cien años después, que está excesivamente tecnificada y ha despreciado los saberes humanísticos. Parece lógico que su editor, Hetzel, rechazara la novela ("es periodismo barato y sobre un tema nada afortunado", le dice) y Verne se ve obligado a guardar el manuscrito y a retomar la línea optimista que había comenzado con Cinco semanas en globo. La novela sobre el París del siglo XX fue encontrada por un bisnieto de Julio Verne y así la sorprendente obra vio la luz en 1994.

 [Julio Verne y su misteriosa isla Lincoln, imaginada y dibujada por él.
En 1874 Verne publicó La isla misteriosa. El novelista le había dicho a su editor: "Estoy estudiando química. Paso mi tiempo con profesores de química y en fábricas de productos químicos, en las que mis trajes han atrapado manchas de las que le pasaré la cuenta, pues La isla misteriosa será una novela química".
Procedencia de la imagen (rtve): aquí]


Como en no pocos personajes célebres que dedicaron su vida casi obsesivamente a una actividad creativa, hallamos en Julio Verne sombras, en su vida personal y familiar y en su visión de ciertos aspectos de la realidad social. No debe extrañarnos en un hombre típicamente decimonónico cierto grado de machismo, pero en Verne (en cuya obra las mujeres están casi ausentes) alcanza en ocasiones un nivel llamativo, incluso se le ha calificado como misógino. Por decirlo suavemente es conservador respecto a los derechos de la mujer y considera que su papel social es dirigir los asuntos familiares y domésticos. En un discurso pronunciado en el Liceo femenino de Amiens el gran novelista de la ciencia dice a las alumnas: "Evitad extraviaros por el terreno científico, no os sumerjáis demasiado en la ciencia, ese "vacío sublime", según la expresión del gran poeta, en el que incluso el hombre se pierde a veces...".


Ahora puede disfrutarse de una excelente exposición, "Julio Verne. Los límites de la imaginación", organizada por la Fundación Telefónica en Madrid. En ella se pretende mostrar la no siempre evidente frontera entre la ficción y la realidad y cómo el conocimiento de dicha realidad alimenta la imaginación y ésta, a su vez, nutre la creatividad del espíritu curioso y emprendedor del científico y el ingeniero, en una productiva retroalimentación. Esto lo vemos patente, sin duda, en el caso de Julio Verne, el novelista de la ciencia que anticipó, basándose en sus tenaces pesquisas y estudios, tantas cosas.


Notas:

-Interesante coloquio en la TV pública española sobre Verne:




 - Vídeos sobre Julio Verne (UNED) (I y II)





PARA SABER MÁS:

- Caminos abiertos por Julio Verne. Texto biográfico de LUIS REYES. Editorial Hernando; Madrid, 1977.

jueves, 26 de noviembre de 2015

Con ciencia, mejor. Blas Cabrera, un físico en la Academia Española de la Lengua

[Dos grandes físicos paseando por Madrid en 1923. Blas Cabrera, considerado uno de los padres de la física española, acompaña a Albert Einstein, creador de la celebérrima teoría de la relatividad, en su visita a España.
Procedencia de la imagen aquí]


En la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión que se celebra cada año en la sevillana Plaza Nueva adquirí hace unos días una pequeña joya bibliográfica: el discurso leído por Blas Cabrera, el gran físico canario que investigó las propiedades magnéticas de la materia y explicó a sus compatriotas las revolucionarias teorías científicas de principios del siglo XX que dieron luz a la física moderna (la Relatividad y la Mecánica cuántica), para su ingreso en la Academia Española de la Lengua, en el peligroso año de 1936 (entonces no era Real Academia, pues estamos en la II República, a pocos meses de la trágica Guerra Civil). 

El discurso versaba precisamente sobre estas dos nuevas teorías que abrían un panorama apasionante en la física: la Relatividad y la Mecánica cuántica. El título elegido por Blas Cabrera para el discurso del acto de su recepción académica el 26 de enero de 1936 fue: Evolución de los conceptos físicos y lenguaje. La contestación al discurso del físico canario la realizó el eminente académico Ignacio Bolívar y Urrutia, entomólogo (quien, al igual que Cabrera, terminó sus días, exiliado, en México).

En El devenir de la ciencia dedicamos ya unas líneas a comentar las peculiaridades y características esenciales del lenguaje científico:

El leguaje científico, con sus características de objetividad, precisión y universalidad, es el instrumento que emplean los científicos para comunicarse, para transferir información en la cual el mensaje es de naturaleza científica (una hipótesis, una ley o una teoría). Tal forma de expresión ha de estar al servicio de la ciencia, con las características arriba mencionadas que la determinan. Si la ciencia tiene que ser objetiva, su lenguaje no puede tener connotaciones emocionales, sociales, ni ideológicas, por ejemplo, propias de cada sujeto o de cada cultura. 

El lenguaje de la ciencia es más amplio que el ordinario en el sentido de que su vocabulario introduce neologismos para nuevos conceptos científicos que, en no pocos casos, con su uso por los medios de comunicación, son incorporados al lenguaje ordinario y se emplean en él habitualmente con naturalidad (teléfono, antibiótico, láser, microondas, etc.). El aspecto semántico del lenguaje científico es esencial, no solo por introducir nuevos términos de significado preciso sino por dar otro significado a palabras ya usadas ordinariamente. Por ejemplo, los conceptos de trabajo, energía, fuerza, potencia, calor, etc. tienen precisas definiciones científicas que hay que aclarar para no emplearlas en el sentido en el que se hace en el lenguaje cotidiano (cualquier profesor de Física ha de señalar a sus jóvenes alumnos que si no hay desplazamiento no se realiza trabajo, sólo estaremos haciendo un esfuerzo). El lenguaje de la ciencia también tiene diferencias sintácticas con respecto al lenguaje ordinario, pues, particularmente en física, posee una estructura lógico-matemática de las expresiones científicas (definiciones, leyes, teorías). Esto hace que aparezcan numerosos signos, muchas veces específicos de cada rama de conocimiento: símbolos (lógicos, matemáticos, de magnitudes y unidades, de elementos y compuestos), siglas (láser, por ejemplo, es el acrónimo de "light amplification by stimulated emission of radiation"), gráficas y otros.


Pero, además, el lenguaje de la ciencia debe evitar toda retórica, exageración o pomposidad y ha de cuidar la claridad y la precisión, facilitando su comprensión en la medida que sea posible. Más aún si se trata de divulgar las ideas científicas. Ya en el siglo XVII  Thomas Sprat, en su obra History of the Royal Society of London for the Improving of Natural Knowledge (1667), decía que los científicos debían expresar sus ideas llevando "todas las cosas tan cerca como sea posible de la simplicidad matemática, prefiriendo el lenguaje de los artesanos, los aldeanos y los comerciantes al de los sabios y los eruditos"  (citado en Historia de la ciencia sin los trozos aburridos,  de Ian Crofton con traducción de J. Ros, Ariel, 2011).


Volvamos a Blas Cabrera, ese eximio físico español que estimuló las mentes, como el filósofo Ortega y Gasset o el matemático Rey Pastor, a tantos jóvenes inquietos de la época (cuando España vivió una ilusionante Edad de Plata de la cultura). Del discurso de ingreso de Cabrera en la Academia Española en 1936 (para ocupar el sillón de Ramón y Cajal, amigo y maestro, quien ejerció profunda influencia en el interés de Cabrera por la ciencia a raíz de las tertulias del Café Suizo, pues en principio nuestro protagonista se había trasladado de Canarias a Madrid en 1894 con la intención de estudiar Derecho) destacamos aquí un fragmento sobre la necesidad de un lenguaje apropiado para la descripción y comunicación de las nuevas ideas científicas, en particular de la  física revolucionaria de comienzos del siglo XX, la Relatividad y la Cuántica:


"He hablado antes de la inercia mental como origen de las dificultades con que tropieza una idea nueva si lleva aparejada la renuncia de otras que han jugado papel principal en las concepciones anteriores. Una primera interpretación de esta resistencia, progresivamente debilitada, puede ser el perfeccionamiento paulatino de la capacidad de nuestra inteligencia a consecuencia de un esfuerzo para comprender. Pero no es la única. Las nuevas ideas que brotan en un cerebro no quedan incorporadas a la ciencia hasta que han encontrado una descripción adecuada para ser comunicadas y reconocidas si vuelven a surgir. Se requiere para ello un lenguaje apropiado que frecuentemente necesita una elaboración difícil. La importancia de esta labor adjetiva pero esencial aparece con claridad meridiana si se compara la rápida evolución de la teoría relativista con la lentitud del progreso de la cuantista. Aquélla halló ya construido un lenguaje adecuado en el cálculo diferencial absoluto, mientras la última necesitó elaborar poco a poco su algoritmo propio que parece haber encontrado en el cálculo simbólico de la Mecánica ondulatoria. Acaso la inercia mental sea pura manifestación de este esfuerzo para hallar los modos adecuados para transmitir las nuevas ideas. Naturalmente, sus efectos alcanzan hasta el mismo lenguaje vulgar que, poco a poco, va precisando la significación de las palabras de uso corriente".

El discurso completo de Blas Cabrera y Felipe puede leerse aquí.

Fue Blas Cabrera hombre que conoció bien los cambios sustanciales en la física de su tiempo, aportando él mismo su esfuerzo investigador en el campo del magnetismo de la materia. A pesar de ello, sigue siendo insuficientemente conocido por los españoles de hoy, científicos incluidos. Nuestro país no es justo con sus intelectuales y mentes audaces, particularmente con sus hombres y mujeres de ciencia, actuales y del pasado. Y lo más triste acaso sea que el motivo principal es la escasa formación y el pobre bagaje cultural de buena parte de la población, debido, entre otros motivos, a la ausencia de un interés real por parte de nuestros dirigentes políticos (salvo honrosas excepciones, claro). Personajes de esta época, como los mencionados Ortega, Rey Pastor o Cabrera, por citar solo una terna ilustre de un período brillante, deben ser conocidos por la ciudadanía.

Blas Cabrera (Arrecife, Lanzarote, 1878 - México, 1945) desarrolló una notable carrera científica y es considerado el padre de la física española. Se doctoró en Ciencias Físicas (1901) por la Universidad Central de Madrid con una tesis titulada Sobre la variación diurna de la componente horizontal del viento. En 1905 obtiene la cátedra de Electricidad y Magnetismo en la Universidad Central de Madrid. Su prestigio nacional e internacional va creciendo y en 1923 acompaña a Einstein durante la estancia del célebre físico alemán de origen judío en la capital de España (Cabrera publica ese mismo año su libro Principio de Relatividad). Precisamente celebramos este año el centenario de la teoría de la relatividad general, su magna teoría relativista de la gravitación. Asimismo el gran físico canario profundizó en el estudio de la nueva física del átomo, la mecánica cuántica. Se puede leer El problema del átomo (1926) aquí.

 [Procedencia de la imagen aquí]

Nadie mejor que el físico, historiador de la ciencia y también académico de la Lengua (ocupando el sillón G, que sin duda agradará al físico, por aquello de la constante de gravitación universal) José Manuel Sánchez Ron para valorar la significación de la figura de Blas Cabrera. Afirma Sánchez Ron que el canario fue el primer físico de talante internacional en toda la historia de la física española, un físico "de verdad, licenciado en esa especialidad, no que contribuyese a la física desde el punto de partida de una carrera tecnológica o militar". Destaca también Sánchez Ron que nadie antes que él tuvo tantos y tan sólidos contactos con la comunidad física internacional, ni publicó tanto en el extranjero. Señala Sánchez Ron que dos contribuciones científicas de singular relieve de Blas Cabrera fueron la modificación de la ley de Curie-Weiss (sobre la susceptibilidad magnética) para las tierras raras y la obtención de una ecuación para el momento atómico magnético que tenía en cuenta el efecto de la temperatura.

[El edificio del Instituto Nacional de Física y Química (INFQ), financiado por la Fundación Rockefeller, se construyó entre 1926 y 1932. Esta importante institución científica de la Edad de Plata de la cultura española se creó como continuación y ampliación del Laboratorio de Investigaciones Físicas, fundado por la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE). La JAE, antecesora del CSIC, se creó en 1907 inspirada en la ideología novedosa y abierta de la Institución Libre de Enseñanza. Blas Cabrera dirigió el Laboratorio de Investigaciones Físicas y el INFQ. Los investigadores del Laboratorio y del INFQ fueron pensionados por la JAE para ampliar su formación científica en los mejores centros del extranjero, lo cual contribuyó decisivamente al elevado nivel de las investigaciones de hombres como Moles (en la determinación de los pesos atómicos por métodos físico-químicos), Catalán (descubridor de los multipletes o grupos complejos de líneas de los espectros atómicos), o el mismo Cabrera (investigador del magnetismo de la materia, determinando susceptibilidades atómicas de tierras raras.
Procedencia de la imagen aquí]



No se pretende en este artículo desarrollar la brillante trayectoria investigadora de Blas Cabrera sino, más bien, estimular al amable lector, particularmente al español y al mexicano (pues Cabrera se exilió en el país hermano, donde fue profesor de Física Atómica y de Historia de la Física en la UNAM, colaboró con jóvenes científicos y en 1944 sucedió al naturalista español Ignacio Bolívar en la dirección de la revista Ciencia) en el conocimiento y valoración de tan notable físico.

Y por ello incluyo aquí también un pequeño vídeo introductorio a la figura humana y científica de Blas Cabrera. Corresponde al espacio de TVE (ya no se emite, desgraciadamente, pero puede verse "a la carta" en internet) Con Ciencia. En este programa, en pocos minutos, se hace una semblanza de grandes hombres y mujeres que han dedicado sus energías al progreso científico en un país, nuestra España, que frecuentemente los ha ignorado: José Zaragoza, Jorge Juan, Mutis, Cajal, Cabrera, Severo Ochoa, Cirac, Margarita Salas, Pedro Alonso y un dignísimo etcétera.



         
         Blas Cabrera